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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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III.4.6.04. Bienaventurados los que lloran…

Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados.

Jesús no enseñaba teorías. Daba ejemplos para vivir como hijos de Dios, “llenar la vida” de bondades. Las bienaventuranzas abren la esperanza en el Reino de Dios a todas las personas. Constan de tres piezas bien ensambladas:

Promesa de felicidad: “bienaventurados”, “felices”. Las bienaventuranzas dan respuesta realista al sufrimiento. Siempre habrá razones para llorar. Pero abre un portillo de esperanza. No engaña con ideales de logros humanos reales o ilusorios. La esperanza humana, buena, lógica, natural aunque caduca, es transformada brindando apoyo en Dios.

El sufrimiento insoslayable, las dificultades: Nuestra idea de felicidad suele estar asociada a riqueza, tranquilidad, gozo, saciedad, éxito, fama… Las bienaventuranzas nos “apean de la nube”. Cuando lleguen las dificultades ¿Seré capaz de confiar más en Dios que en “mis propios medios” o en “mi buena suerte”? ¿De tomar el camino de fe, del Reino? Pensando en las palabras de Jesús nos preparamos para acogerlo a Él vivencialmente, de corazón.

La recompensa: la segunda parte de cada bienaventuranza habla de una recompensa que siempre termina en la dicha de estar, vivir, en Dios. La esperanza que dan es no sólo humana, y menos aun del horóscopo… Es “esperanza en Cristo” y “fe en Cristo”. La paciencia, la mansedumbre, la misericordia, la voluntad de paz… no son “monedas de cambio fácil” en este mundo tan “humano” y tan poco “cristiano”.

¿Alguien de los presentes se cree que será feliz en la vida porque no le van a tocar ni las enfermedades, ni “las peleas” en el trabajo, en casa…, ni la “mala baba de algún prójimo”, ni …? Otra pregunta más sutil: La fe en Jesús, la devoción a la Sma. Virgen, el ejemplo de personas conocidas… ¿me ayudarán a superar dificultades? ¿Serán “una pantomima en la que yo no creo”? … Rezar no hace daño. ¡Palabra!

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.Amén
Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.Amén
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.