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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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I.3.5.1. ¿Hay hoy discípulos de Jesús?

La vida terrena de Jesús de Nazaret fue corta, unos 33 – 35 años. Su vida pública, el tiempo que anduvo predicando hasta su crucifixión en Jerusalén, duró unos tres años. Durante este tiempo se rodeó de discípulos, hombres y mujeres. Unos le seguían habitualmente: apóstoles y algunas mujeres. Otros lo hacían esporádicamente, cuando aparecía por su zona. Otros eran discípulos reales pero no se mostraban como tales; José de Arimatea y Nicodemo, por ejemplo.

En todos ellos hay dos momentos muy diferentes en el seguimiento de Jesús.

Primer momento: Cuando lo veían, lo escuchaban, caminaban con él… Jesús los entusiasmaba. Pero con su muerte espantosa llegó el miedo, el abandono. Los evangelios dicen que junto a su cruz sólo estaban su Madre, el apóstol Juan y las mujeres que lo habían seguido en vida. Los demás se volvieron a sus casas, a sus trabajos, a su vida de antes.

Segundo momento: Tras la Resurrección, sucede un verdadero milagro. Los dispersados vuelven a reunirse en Jerusalén. Los “miedosos” se hacen valientes: hablan de Jesús en público, dicen a las autoridades judías y romanas que se equivocaron matando a Jesús, se reúnen en casas y en el mismo Templo. Se muestran temerariamente valientes los que antes habían huido como conejos. Y muy pronto también empiezan a ser perseguidos como su Maestro. Pero ya nada les da miedo. El Espíritu Santo, el Espíritu de Jesús, les da voluntad y fortaleza y sabiduría. Ahora se muestran seguidores de Jesús porque tienen fe y confianza totales en Él. Jesús ya no está materialmente con ellos; pero lo sienten, lo “ven”, recuerdan sus enseñanzas, ahora las comprenden mucho mejor. Entienden que su misión es dar a conocer a los demás lo mismo que ellos han vivido y entendido: que el verdadero Dios es Dios de todos seres humanos, que quiere a todos sin excepción.

Este fue el primer núcleo de seguidores de Jesús. A lo largo de estos veinte siglos, muchos hombres y mujeres han seguido sus pasos y han creado infinidad de instituciones dedicadas a dar a conocer a Jesús y hacerlo amar. Sigue habiendo discípulos de Jesús, muchísimos. Y como entonces, discípulos conocidos, otros medio ocultos, otros “a ratos”… Y muchos también los que se dejan matar por confesarlo.

Recemos: Anunciamos tu muerte. Proclamamos tu Resurrección. ¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús!