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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

I.2.1.04. Hacer el bien ¿por miedo? ¿por recompensa?

Los primeros discípulos de Jesús comprendieron tras su Resurrección que “aquel profeta” con el que habían vivido era el verdadero Mesías, Salvador, el Ungido Rey (“Christo”, en griego), el Hijo de Dios. Comprendieron que Yavé había superado todas las marcas de cariño hacia su pueblo enviando a su mismo Hijo como uno más entre nosotros; igual en todo, excepto en el pecado; que Dios lo había exaltado, que no lo había dejado en la muerte sino que lo había resucitado; que estaba vivo para siempre y que ese sería el destino de todos los seres humanos. Esa sería la salvación definitiva.

Aunque los cristianos de origen hebreo tenían dudas acerca de la necesidad o no de cumplir algunas normas de su Ley, enseguida se aclararon las ideas: Nos salvamos por el amor de Dios hacia nosotros, antes que por nuestros méritos… No nos salvamos como premio a nuestros méritos. ¡Lo cual no quiere decir que no importa hacer el bien o el mal! Tampoco es eso.

¿Cuál es la motivación más poderosa para hacer el bien: el miedo al castigo o el amor a alguien? Miedo/amor ¡vaya dilema! ¿Será “según…”?

Pues no. El miedo es una motivación “de muy mala calidad”. Nos cansa enseguida pensar en las consecuencias malas que traerán nuestras acciones. En terreno puramente psicológico: ¿Cuántas personas jóvenes dejan de conducir a gran velocidad por miedo a los accidentes? ¿Cuántos delincuentes dejan de actuar contra la ley por miedo a la cárcel?

En el ámbito religioso, nos han pintado el Infierno como algo espantoso… ¿Cuántas personas cristianas dejan de pecar por miedo al infierno? En cambio ¿cuántas personas cristianas “dejan el pellejo” por los demás en la casa, en el trabajo… porque “si Dios nos quiere a todos ¿cómo voy yo a ser tan egoísta”? Si pudiésemos preguntar a estas personas si “hacen lo que hacen por miedo al infierno”, ¿qué responderían? ¿No se partirían de risa?

Vi esta noticia en la prensa… Uno que “se cambió de piso”, Juango Calleja. Damos unas líneas.

Del heavy metal, las bandas violentas, la brujería y el ocultismo, a sacerdote católico.

Algunos de sus amigos eran pistoleros, otros traficaban con drogas, él tenía 5 novias al mismo tiempo, bebía mucho alcohol y leía libros de rituales y magia. En tres ocasiones vio la muerte de cerca y empezó a reflexionar. Pero fue un grupo de oración lo que cambió su vida. 
Actualizado 12 noviembre 2011. Pablo Ginés/ReL

Juan Gonzalo Calleja nació y se crió en Medellín, Colombia. A los 14 años empezó a escuchar heavy metal, vestir de negro, llevar cadenas, pelo de punta y una estética oscura. Mataba conejos o murciélagos y los clavaba en el armario de su habitación, como parte de su decoración, entre carteles de temática heavy.

Con el tiempo, se interesó también por la brujería y se hizo con libros de temática oculta. Pasaban los años y su situación se agravaba. En la calle formaba parte de una pandilla con los que bebía mucho y se iba de fiesta. Algunos de ellos estaban implicados en temas de drogas…

Sólo una pregunta para incordiar un poquito: ¿Estás tú instalado/a en el piso del miedo o en el de la generosidad?

SEÑOR, DIOS Y PADRE DE JESÚS Y PADRE NUESTRO, DANOS FUERZA DE MENTE Y DE CORAZÓN PARA COMPRENDER QUE LO MEJOR DE LA CREACIÓN ES QUE TÚ NOS QUIERES.