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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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Desde: 24/09/2015

VI.3.4.4. Qué «hacemos» en misa.

Nuestra celebración eucarística tiene tres partes: La primera es de reflexión, aprendizaje, etc. de la Palabra de Dios. Lasegunda, es la celebración en memoria de la cena del Señor. La tercera es la comunión.

Primera:

Arrepentimiento de los pecados. Jesús fue explícito: «Si en el momento de presentar tu ofrenda en el altar te acuerdas de que tienes algo contra tu hermano, vete primero a reconciliarte con él; después vuelve a la celebración». (Si lo cumpliésemos a tope ¿no se quedaría medio vacía la iglesia?… )

Lecturas y «Credo»: una suele ser del Antiguo Testamento; otra, de las cartas, Hechos, etc. y la tercera, de los evangelios. Entre lecturas se reza un salmo. Sigue la predicación del celebrante. Terminamos proclamando nuestra fe: decimos el credo.

Oración litánica: una «letanía» de cosas que pedimos al Padre: por el mundo, por la paz, etc.

Segunda:

«Ofertorio»: «ofrecimiento» de dones que ponemos sobre el altar. Los dones «materiales» son el pan y el vino. Los «dones espirituales» son nuestras propias vidas. Las limosnas son «signos» de ofrendas personales.

El «prefacio» es una oración de alabanza a Dios en unión con los ángeles y los santos y que termina con el rezo o canto del «sanctus», una aclamación a nuestro Dios.

«Canon» (1) oración propiamente dicha del «memorial» del sacrifico de Jesús. La parte más importante del canon, la consagración del pan y del vino que, desde ese momento, son Cuerpo y Sangre de Jesúspresente sacramentalmente. Se nos invita a la adoración elevando la Sagrada Forma y el Cáliz. Después, el celebrante dice «Este es el sacramento de nuestra fe. Respondemos: «Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección. ¡Ven, Señor Jesús!».

Al final, otra «aclamación»«Por Cristo, con Él y en Él es dado a ti, Padre Omnipotente, todo honor y toda gloria por los siglos de los siglos. Amén».

Tercera parte:

El padrenuestro como preparación inmediata a la comunión. Acabada la comunión, toda la asamblea queda en oración personal durante unos momentos. Después el sacerdote bendice a los fieles y los despide con las palabras «Podéis ir en paz». Respondemos «Demos gracias a Dios».

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

(1) «Canon» significa «norma». Hasta el Concilio de Trento, cada celebrante decía la oración que le parecía conveniente antes y después de la Consagración. El Concilio «normalizó» estas oraciones.