Get Adobe Flash player

Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

Visitas hoy: 115
Visitas Totales: 31563
Desde: 24/09/2015

III.4.6.03. Bienaventurados los humildes…

“Bienaventurados los humildes porque ellos poseerán en herencia la tierra”. Muchas personas no tienen ni idea de qué es la humildad; por eso la desprecian y la bienaventuranza les suena a bofetada.

Contraste persona soberbia – persona humilde.

  • La persona soberbia se hace dios de sí misma; menosprecia a los demás. Es el origen de muchos ateísmos.
  • La persona humilde se conoce a sí misma, sus cosas buenas y no tan buenas, sus fortalezas y sus debilidades. Por esto se dice que “la humildad es la verdad”. Lo malo es que la verdad suele ser muy incómoda…

Todos buscamos la felicidad. La felicidad, la realización personal, la plenitud de vida, es lo más valioso que podemos alcanzar. Para lograrla se necesita esfuerzo, sacrificio. Es indispensable conocerse a sí mismo muy a fondo; pero esto es difícil, costoso. Además, la verdad suele ser molesta. (¡¿A que sí?!)

Por un lado somos grandes: inteligencia, bondad… Por otra parte somos frágiles, nos rompemos fácilmente. Hay que ser muy sinceros para aceptar las “realidades” de la vida. Tendemos a valorarnos por lo que tenemos o parecemos, no por lo que somos.

Hablando muy en general, la gran tragedia del Hombre moderno es no admitir que, siendo grande, es también “poca cosa”. Pero el problema no es que sea “poca cosa”, sino que sea una “poca cosa ¡soberbia!“.

Jesús promete a los humildes, pacíficos, amables, bondadosos… no “posesiones”, sino la posesión de “la tierra”, que es un bien común para todos. El soberbio pretende “acotar” una partecita de la tierra sólo para él. (Una anécdota pequeñita, pequeñita: Viví en un pueblo, en un edifico de seis viviendas; en todas quedaban las llaves puestas por fuera… Pero llegó “el listo”. Cerró y quitó las llaves. “Acotó su parcela”… y la buena vecindad se fue… ¡a ese sitio!)

Si Jesús se nos presentase ahora, aquí, y nos dijese “Sois dichosos porque sois humildes…” ¿Nos sentiríamos bien? ¿Se nos caería la cara de vergüenza? ¿Le haríamos a Jesús un corte de mangas?

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.Amén
Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.Amén
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.