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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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Desde: 24/09/2015

III.4.6.01. Bienaventuranzas: “tener o ser” según Jesús.

Un cuento oriental: Había una vez un rey muy rico y poderoso. Vivía en su reino un ermitaño que habitaba una cueva natural y se alimentaba de hierbas del campo. El rey sintió curiosidad y le invitó a su enorme y lujosísimo palacio. Mantuvieron este diálogo:

  • — A veces siento cierta envidia de un hombre como tú que vive casi de la nada, dijo el rey.
  • — ¡Ahí va! Pero si yo envidio a vuestra Majestad porque se contenta con muchísimo menos que yo.
  • — ¿Cómo se te ocurre decirme semejante cosa siendo yo el rey y poseyendo todo lo que ves?
  • — ¡Por eso! Yo tengo mucho más: la música de los pájaros, el canto del agua, el decorado de la pradera y las montañas, las estrellas infinitas que contemplo cada noche… y tengo a Dios en mi alma. Vuestra Majestad sólo poseeeste reino.

Las bienaventuranzas de Jesús nos “repiten” esta lección: que creyendo tener todo, o viviendo para tenerlo, o estando siempre pendientes de lo mucho o poco que tenemos… no lograremos ser felices. Según Jesús sólo una cosa es necesaria: tener y sentir a Dios en nuestra alma, situar a Dios en el centro de nuestra existencia, de nuestro vivir. Ésta será la mejor propiedad. El resto, puede que esté “a nuestro nombre”, que la gente piense que realmente tenemos y disfrutamos de todo… pero tener, tener, sólo tenemos “nuestra vida”: podemos “ganarla” o “perderla” o “malgastarla”… Jesús invita a “entregarla”. ¿Cómo? Pues desde las cosas más simples de esta vida como ser amables con todos, ser un buen profesional, etc. hasta “materialmente entregar la vida por otros”.

Según Jesús así seremos “bien-aventurados”, es decir “lo que vendrá – ventura, aventura – será bueno”. Las bienaventuranzas necesitan pensarse y “rezarse” ¡y mucho!

¿Podemos ser cristianos en el mundo desarrollado actual? Sí; por supuesto. Incluso poseyendo muchas riquezas. La clave está en el cómo tenerTener para mí o tener para ayudar…

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.Amén
Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.Amén
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.