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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

III.4.4.04. Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.Vídeo.

Una historieta; después, la reflexión… que es fácil.

Un santo hermitaño oyó claramente la voz de Dios que le invitaba a acudir a un encuentro especial con Él. Lo citaba para el atardecer del día siguiente en la cima de una montaña bastante lejana.

Se puso en camino al amanecer. Quería llegar puntual.

Atravesando un valle, encontró a los campesinos intentando apagar un incendio en el bosque cercano que amenazaba sus cosechas… No podía faltar a la cita. Oró al Señor para que los socrriera y apresuró el paso.

Llegó a la cima de la montaña. Atardecía. Dio gracias al cielo en su corazón.

Esperó y esperó, mirando a todas partes. El Señor no aparecía. Por fin descubrió algo brillante escrito sobre una roca. Leyó: “Dispénsame. Estoy ocupado ayudando a los que sofocan el incendio”. Entonces comprendió el santo hermitaño DÓNDE DEBÍA ENCONTRARSE CON DIOS.

Podemos toparnos en la vida con situaciones en las que no es nada fácil acertar con lo que Dios quiere de nosotros, qué debemos hacer o no hacer para ser buenas personas… Un amigo mío conducía ya de noche. En medio de la carretera, un hombre tirado en el suelo. Tuvo que decidir en un instante: su conciencia le pedía detenerse y socorrerle. Pero detenerse en un lugar algo alejado de población, le inspiraba miedo. Le venció el miedo. Años después sigue en la duda… ¿Y quién no? El miedo era totalmente razonable. Si fuése un Rambo, podría ser… Pero eso, sólo es de cine.

Al despertarnos cada día tenemos una cita con nosotros mismos; los cristianos pensamos que es como si tuviésemos una cita con nuestro buen Padre Dios. Tenemos que hacer cosas… vivir. Casi siempre sabemos de sobra cuál es “su voluntad en la tierra… que suele ser la misma que en el cielo”. Cumplirla o hacer “otra cosa” nos obliga a decidir. No suelen ser grandes decisiones, pero son las de cada día: levantarse con presteza, no chinchar ni a padres ni a hermanos, ir al trabajo puntualmente, hacer las cosas bien hechas, ser un buen profesional, etc.

Si rezamos cada mañana el padrenuestro pensando lo que decimos estamos haciendo una oración sencilla, cordial, cristiana hasta la médula: “que sea capaz de hacer lo que tú, Padre Dios, quieres de mí… aunque me cueste”.