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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

III.4.2.32. María, com-pasión de nuestra buena Madre.

Para la construcción del Reino de Dios entre los seres humanos la compasión es indispensable: o “sentimos”, “com-padecemos”, en lo bueno y en lo malo, con nuestros hermanos… o poco Reino de Dios vamos a construir. Más bien lo contrario.

A veces vemos, nos enteramos de ejemplos que nos dejan tamañicos… Al menos pidamos a nuestra Buena Madre María que “ensanche las paredes de nuestra alma” para dar acogida al mayor número posible de personas que se crucen o nos acompañen en nuestro caminar por la vida. Puede que ser “un gran samaritano” sea difícil. Pero ser un buen samaritano en las pequeñas cosas de cada día está tirado. Quizá sólo nos haga falta “vaciarnos” un poquito de nosotros mismos. Nos sorprenderá la cantidad de espacio que abrimos para los demás…

Comprobad lo siguiente: Cuando estéis en grupo, decid cualquier cosa de tipo personal. Ejemplos: “Hoy he dormido fatal…” o “No conseguí acabar el trabajo…”. Etc. Hacedlo en cuanto podáis. Dos grupos de respuestas:

  • “Pues yo… “. Ésta es la más frecuente. Sería mayoría próxima al 100%.
    1. “¿Sí? ¿Qué te pasó? ¿Por qué no pudiste…?” Etc.
  • Es el otro tipo de respuestas.

La diferencia es evidente:

  • Los primeros, “oyen pero no escuchan”. El comentario rebota y vuelve a ellos mismos. No salen de sí mismos.
  • Los segundos “escuchan” ; por eso se interesan “por la otra persona”. Son personas que “escuchan”, salen de sí mismas.

Las primeras no necesariamente son egoístas; pero sí “egocéntricas”… el ombligo del mundo. Fuera de sí mismas, pocas cosas llevan dentro… Pidamos a María: “Ensancha tú mi alma…”

Pidamos intensamente, concentrados en lo que decimos y pensamos, y repitámoslo miles de veces…: “María, nuestra buena Madre, afina las cuerdas de mi alma… Ayúdame a comprender a quienes se acerquen a mí, a acoger a todo el mundo…. Ayúdame a ser una buena persona de veras: amiga, com-pasiva, dialogante, amable, acogedora…”

Una amiga mía me decía que la canción “María, música de Dios” le había gustado tanto que no paraba de repetirla mentalmente y que, casi sin darse cuenta, se encontraba rezando intensamente en muchos momentos, incluso durante el trabajo…

MARÍA, MÚSICA DE DIOS

Me quedé sin voz con que cantar,
y mi alma vacía dormía en sequedad.
Y pensé para mí: me pondré en sus manos,
manos de madre, me dejaré en su amor.

Y TÚ MARÍA, HAZME MÚSICA DE DIOS,
Y TÚ MARÍA, AFINA TU LAS CUERDAS DE MI ALMA. ALELUYA, AMEN.
Y TÚ MARÍA, HAZME MÚSICA DE DIOS,
Y TÚ MARÍA, AFINA TÚ LAS CUERDAS DE MI ALMA, ALELUYA, AMEN.

María acompaña tú mi caminar,
yo solo no puedo, ayúdame a andar.
Y pensé para mí: me pondré en sus manos,
manos de madre, me dejaré en su amor.