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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

III.4.2.12. El hijo perdido

La imagen que Jesús da de lo que es un joven realmente atolondrado y hasta perverso es insuperable. Hay que tener en cuenta que, en aquella sociedad, pedir la herencia antes de la muerte del padre era como decirle ¡Muérete! El cabreo de su hermano tuvo que ser descomunal. Dividir la fortuna era de locos. Para colmo, suceden varias cosas tan y más intolerables: se gasta su parte de la fortuna estúpidamente; avergüenza a toda la familia; se vuelve con las manos vacías y hecho un miserable. Y lo que ya es el no va más para el mayor: ¡el padre le hace un homenaje, una fiesta! Cuando se enteró, seguro que alucinaba en colores. Y así se lo manifestó a su padre.

Pero veamos: la intención de Jesús al contar esta parábola era indudablemente resaltar que las reglas de juego que mandan entre nosotros no son las reglas del Reino de Dios que él propone. Por eso seguir a Jesús es mucho más que ser buenines, cumplidores… Hay que ser como el Padre. ¡Si al menos tuviésemos clara esta cuestión! Perdonar, acoger siempre, siempre, aun en los casos más inhumanos…

Pensemos en la multitud de “cositas desagradables” que nos suceden cada día en casa, en el trabajo, etc. Muchas veces el cabreo nos sube a la cabeza y nos la llena: “Ya verás. Se va a enterar el muy…” “¿Qué sabrá esa de…; la muy…”.

Seguro que “El tal… o “La muy…” esperan de nosotros una sarta de insultos. Pero si llega el momento y adoptamos un comportamiento netamente cristiano de olvido, de sonreir… (que no es nada fácil), “el o la muy…” quedarán sorprendidos. ¿Por qué? Pues porque lo más habitual es que esperamos desde “nuestro propio cabreo” el comportamiento de los demás. ¿Qué comportamiento es más difícil, pero infinitamente más constructivo? Seguir de cerca a Jesús es mucho más “humanizante”… ¡y difícil! El perdón no está en nuestros genes. Ni perdonar ni sentirnos perdonados. En el Reino de Dios, en cambio, es esencial.

Mientras no entendamos a fondo que Dios nos quiere a todos, absolutamente a todos, aunque hayamos hecho las peores “hazañas” que se puedan pensar. Y mientras no nos quepa en la cabeza que seguir a Jesús significa estar dispuestos a perdonar como lo hizo él mismo (“¡Padre; perdónales porque no saben lo que hacen!”y como nos dijo que lo hace nuestro Padre Dios, puede que seamos cristianos… pero poco o mal cualificados en la construcción del Reino de Dios. Pensar en la parábola. Todo esto queda claro como el agua clara… aunque fastidie.

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.