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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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III.4.1.17-bis. Jesús, “manantial de Vida”. Vídeo, un testimonio.

(Sin conocer el pasaje evangélico (Jn, 4, 1-42: III_4_1_16-bis_La samaritana_texto), es difícil entender la lectura de este “momento”)

Todo en este relato remite a “otra realidad”, más allá de lo inmediato, tal como dijimos al presentar el evangelio de San Juan.

La mujer (innominada) representa a la región entera de Samaría, considerada hereje y detestada por los judíos, pero “evangelizada” ya cuando se escribe el evangelio; en este momento ya se está recogiendo el fruto de la siembra que apóstoles anteriores hicieron.

Observemos: siempre que habla la mujer, habla de “pozo”; por el contrario, Jesús se refiere a él como “manantial”. La mujer –Samaría- busca apagar su sed en la tradición, en un “pozo”; Jesús le está haciendo ver que tiene que abrirse a un “manantial nuevo”  que Jesús mismo ofrece y que “salta en su interior” hasta la vida definitiva, “eterna”.

La sed, en un sentido profundo, se refiere a la búsqueda de todo ser humano de aquello que trae definitivamente la paz: el “agua viva”, que coincide con el “don de Dios”. Por eso es “oferta”, no “obligación”: “Si conocieras el don de Dios…”. Unos días después gritará Jesús en el Templo: “Si alguien tiene sed, que venga a mí y beba… de lo más profundo de todo aquél que crea en mí brotarán ríos de agua viva”. Decía esto refiriéndose al Espíritu que recibirían los que creyeran en él”.

Cuando los discípulos llegan con el alimento Jesús les dice que Él tiene “otro alimento”: “Mi alimento es hacer la voluntad del que me ha enviado y llevar a término su obra”… Cuando recéis, decid: “… hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo…”

Para la comunidad de Juan, Jesús es el revelador de Dios, que aporta el “agua viva”, el don capaz de colmar el anhelo humano. Esa agua la encontramos en nuestro propio interior, como un manantial que brota incesantemente. La adoración pasa por el corazón, es interior y verdadera, se corresponde con una vida en fidelidad: “Se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre… Se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero, adorarán al Padre en espíritu y verdad”.

El verdadero creyente, pasa por una primera etapa necesaria, “oye hablar”; después “experimenta”, ya no habla de oídas:  “Nosotros sabemos…”. La experiencia de fe se produce cuando escuchamos en nuestro interior  “la palabra” de Jesús y la reconocemos como auténtica.

Una mujer joven, “con el mundo a sus pies”, tomó el agua de la vida… Testimonio de Amada Rosa Pérez.