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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

III.4.1.04. Luchar contra la violencia. “Cuando alguien te abofetee en la mejilla derecha…”

En ambiente de espera de un Mesías guerrero, Jesús predicó la “no violencia”…

“Si no va a venir un Mesías guerrero a derrotar a los romanos ¿qué se puede hacer?… ¿Cómo se podrá ir haciendo realidad el Reino de Dios frente a tanta injusticia?…

Según Jesús, lo que hay que hacer es vivir unidos a ese Dios cuyo corazón no es violento sino compasivo. Sus hijos e hijas han de parecerse a Él incluso cuando luchan contra abusos e injusticias… Jesús no da normas ni preceptos. Sencillamente sugiere un estilo de actuar que roza los límites de lo posible… Propone algunas situaciones concretas:“Cuando alguien te abofetee en la mejilla derecha…

Jesús quiere erradicar del mundo la injusticia sin caer en la violencia destructora. No conduce a la indiferencia ni a la rendición cobarde ante la injusticia. Invita más bien a ser dueños de la situación tomando la iniciativa y realizando un gesto positivo de amistad y de gracia…

Jesús piensa en hombres y mujeres que entren en la dinámica del Reino de Dios con un corazón no violento, para enfrentarse a las injusticias de manera responsable y valiente, desenmascarando la falta de humanidad que se encierra en toda sociedad que se construye sobre la violencia y vive indiferente al sufrimiento de las víctimas. Sus seguidores serán un poquito de levadura capaz de fermentar toda la masa… Su vida, a veces crucificada, será una luz capaz de anunciar el mundo nuevo de Dios de manera más clara.”

Ruanda, 1994. Los hutus intentaron exterminar a los tutsis. Inmaculée se refugió en la casa del Pastor (sacerdote protestante) Murinzi, hutu moderado, que la escondió junto a otras seis mujeres. Estuvieron allí tres meses.«¡Inmaculée! ¿Dónde está esa cucaracha?» gritaba Felicien dentro de la casa. Detrás de la pared, Inmaculée contenía la respiración. Era 7 de abril.

«¿Por qué estoy invocando a Dios? ¿No siento tanto odio en mi corazón como ellos?». Se dio cuenta de que no podría orar sinceramente si no dejaba entrar en su corazón el perdón.

Le parecía increíble: los asesinos eran parte de la familia de Dios. ¡Tenía que perdonarlos, tal y como Cristo lo hizo en la cruz! Lloró, gritó, y oró mucho a Dios.

Con el tiempo, Inmaculée visitó su pueblo, Mataba: Tumbas improvisadas, fosas comunes, ruinas. Sobre todo,vio los rostros de los asesinos espiándole tras las ventanas de las casas. En sus pupilas descubrió pánico.

El Director de la cárcel le trajo a Felicien, el asesino de su familia. Lo conocía. Sintió escalofríos. El hombre lloraba. Cruzó su mirada con la de Inmaculée. Ella se acercó, le tocó ligeramente las manos y le susurró: «Te perdono». Su corazón sintió un alivio inmediato; también le pareció que Felicien se relajaba como quien deja caer una carga muy pesada.

Han pasado años; ahora Inmmculée se dedica a dar charlas sobre el perdón. ¿Cuál es la clave? La oración y dejar que el amor de Dios penetre en el corazón.