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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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III.3.4.1. Las pequeñas “grandes soberbias de cada día”

Cuando hablamos de soberbia solemos pensar en gente que tiene autoridad, o que se la han dado, y que olvidan lo que eran y tratan a los demás como seres inferiores. Un refrán manchego: “El que nunca ha sido “cosa”, y luego “cosa” le hacen. El que nunca ha sido “cosa”, ¡Jesús, qué cosas que hace!”. Sabiduría popular.

Hay muchísima pequeña soberbia en las relaciones habituales de familia, compañeros, etc. Lo expresamos como afán de sobresalir, mostrar méritos propios, no ser menos que nadie, etc.

Recuerdo a una persona muy capacitada pero también acomplejada por su procedencia de aldea. En su empeño absurdo por no ser nunca menos que los demás, le entró verdadera furia por demostrar que él se defendía perfectamente en la gran ciudad: semáforos, pasos de peatones, metro, etc. ¡siempre iba delante! Los grandes edificios administrativos no tenían secretos para él… Sólo que un día quiso pasar una puerta de vidrio… ¡cerrada! (¡Que cabezazo!).

Sin importancia. Pero “investiguemos” dentro de nosotros mismos y del grupo humano en el que nos movemos, incluida la familia. Son muchos los padres “cristianos” (??) que aconsejan a sus hijos de modo “la mar de evangélico”: “Tú no te metas con nadie. Pero que nadie te pise. Si alguien te da, dale”. Como buenos hijos nos damos prisa a demostrar que hemos aprendido la lección y… ¡pobre del que se meta con nosotros!

Los chicos jóvenes suelen mostrar su soberbia en cuestiones de habilidades o musculatura o ambas… “¡No se te ocurra volverme a hacer eso a mí, so… !”. Las chicas suelen pasar una preadolescencia turbulenta de relaciones con las compañeras. “¡Qué se habrá creído la muy …!” ¡No te fastidia! Es más fea que… Presume como si…”. Etc.

En el fondo de todas estas actitudes hay un verdadero complejo de inferioridad. Quien está seguro de sí mismo, de lo que sabe, de lo que no es ni sabe… El que se conoce a sí mismo y es sincero y “humilde” (que no es lo mismo que “apocado”), o no tiene estos problemas o le pasan rápido. Lo triste es ver así a personas mayores…

Soberbia – humildad. La humildad no es la baja estima de sí mismo; sino la apreciación exacta, verdadera, de sí mismo: de sus posibilidades, de sus realidades, de sus logros, de sus fracasos, de sus aciertos y fallos, etc. La convivencia entre personas soberbias siempre es difícil y “des-graciada”, in-feliz.

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.