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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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III.2.1.0. Significado del bautismo de Jesús por Juan.

El bautismo de Juan significaba purificación de los pecados, arrepentimiento. No tenía contenido personal para Jesús. Pero Jesús se solidariza con el pueblo, se hace uno más con los que se sentían condenados por la Ley de Dios.

Pero el tiempo de las amenazas de Dios por los pecados, “el tiempo de Juan”, acaba. Le sigue “el tiempo de Jesús”: se abre el cielo, se oye la voz del Padre, el Espíritu se posa sobre Jesús en forma de paloma. La voz dice lo más importante para nosotros: “Este es mi Hijo amado. Escuchadlo”. Seguirá habiendo maldad, pero con Jesús siempre habrá un trasfondo de misericordia.

Jesús conoce la existencia del mal y del pecaso, pero cambia por completo el discurso: empieza ahora el verdadero camino de Dios; ningún pueblo lo había imaginado siquiera: Dios es Padre entrañable de todos y pura misericordia. Su “Reino de Dios” se culmina después de la muerte… Pero ya ahora “estamos condenados” a ser amados por Dios, el Padre.

Sopesemos el contraste. Los pueblos, todos, proyectaban sobre sus dioses su propia violencia. Eran frecuentes hasta los “sacrificios rituales” de vidas humanas. La violencia de “sus dioses” terminaba por matarlos. La historia de los humanos era (¡y es!) la historia de guerras, conquistas y exterminios de unos contra otros. Llamamos a gritos a la muerte… ¡Rabiosa actualidad! Mirad “todas” las noticias. Pues bien, sobre este mundo que parece terminado, Jesús descorre el velo que tapa el rostro del verdadero Dios: desvela su misericordia por encima de nuestros pecados.

Juan pone a los hombres en el banquillo de los acusados. Jesús llega ofreciendo perdón. Su Reino de Dios, solo tiene unaley: amar a Dios y a los demás, incluso a los enemigos.

Con violencia no hemos logrado un mundo más justo y feliz. Jesús ofrece una nueva ciudadanía fraterna, universal. Este es uno de los significados profundos de nuestro bautismo cristiano. (¿Estáis bautizados? ¿Se nota en algo?)

Recemos: Señor, danos tu Gracia, ayúdanos a comprender y a realizar nuestra vida en medio de este mundo tan difícil para la bondad como fácil para la maldad. Ayúdanos a permanecer fieles a nuestra condición de bautizados en el fuego de tu Espíritu Santo. Amén.