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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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III.1.0.0. San Juan Bautista. Narración evangélica según San Marcos.

Los cuatro evangelistas narran la predicación de Juan el Bautista en el desierto. San Marcos comienza su evangelio con este hecho.

Este es el comienzo de la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios.

En el libro del profeta Isaías estaba escrito: «Mira, te voy a enviar a mi mensajero delante de ti para que te prepare el camino. Escuchad ese grito en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos.»

Es así como Juan el Bautista empezó a bautizar en el desierto. Allí predicaba bautismo y conversión, para alcanzar el perdón de los pecados. Toda la provincia de Judea y el pueblo de Jerusalén acudía a Juan para confesar sus pecados y ser bautizados por él en el río Jordán.

Juan llevaba un vestido hecho de pelo de camello, con un cinturón de cuero. Su comida eran langostas y miel silvestre. Juan proclamaba este mensaje: «Detrás de mí viene uno con más poder que yo. Yo no soy digno de desatar la correa de sus sandalias, aunque fuera arrodillándome ante él. Yo os he bautizado con agua, pero él os bautizará en el Espíritu Santo.»

San Mateo añade un detalle: Al ver que muchos saduceos y fariseos venían a bautizarse, les dijo: “Raza de víboras, ¿acaso podréis escapar al castigo que os viene encima? Dad, pues, frutos de una verdadera conversión en vez de quedaros tranquilos porque sois hijos de Abraham. Yo os aseguro que Dios es capaz de sacar hijos de Abraham incluso de estas piedras…”

San Lucas da unos datos precisos: “El año quince del reinado del emperador Tiberio, siendo Poncio Pilato gobernador de Judea, estando Herodes a cargo de la provincia de Galilea, etc.”. Cuenta también San Lucas los consejos que daba a la gente.

San Juan cuenta el diálogo que sostuvieron los delegados de los judíos con Juan el Bautista. En el lenguaje de hoy día, diríamos que el Sanedrín, Congreso, envió “una comisión de investigación”. La fuerza de la predicación del Bautista era tal que surgió la duda de si no sería él el Mesías. El Profeta les respondió claramente. “No soy el Cristo… Él viene detrás de mí, y yo no merezco desatarle las correas de sus sandalias”.

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.