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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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Desde: 24/09/2015

II.3.0.06. Dios creador; familia creadora.

San Mateo es el evangelista más preocupado de mostrar a sus paisanos hebreos que en Jesús se cumplen las profecías del Antiguo Testamento; que Jesús es el Salvador que ellos esperaban. En su narración del nacimiento de Jesús “sigue” la historia de Moisés, el gran profeta que liberó a los judíos de la esclavitud de Egipto. Jesús librará a la Humanidad de una esclavitud peor que la del trabajo, la librará de la esclavitud del “no saber para qué vivir” y “por qué morir”. La librará del sinsentido, del amodorramiento, de aspiraciones a pasarlo bien constantemente, etc. y total, “pa morirse”Jesús nos abrirá la mente a una vida que merece ser vivida y a una muerte que no lo es en realidad, porque nos espera la “tierra prometida” del cielo que, como nos es imposible ni imaginar, necesita fe y confianza en Jesús y en Dios, su y nuestro Abba.

San Mateo nos enseña con su relato que Jesús es “Salvador“, significado de su nombre Enmanuel“Dios con nosotros”.Su plan no va a venirse abajo por más “herodes” que aparezcan. Tendrá que huir, esconderse, emigrar… pero “su salvación” será conocida y reconocida en todas partes. Será “salvación ofrecida” no impuesta, donación o regalo de Dios, para quien la quiera.

La familia vivió en Nazaret, una aldeíta de una región sin importancia, Galilea. Vivió en familia gran parte de su vida, aunque no fundó su propia familia por dedicarse por completo a su vocación.

En la familia se transmite la vida, no sólo la biológica, sino la vida de las “personas”. En toda familia hay una huella de Dios Creador reconocible a cualquiera que quiera verla. En la familia se forman “nuevas personas”. La familia humana no es una granja. Cada ser humano es diferente de cada uno de los 7.000 millones de seres humanos que vivimos ahora en la tierra.

Como “personas” podemos renunciar a que nuestra vida sea fecunda biológicamente; muchos lo hacen; muchos cristianos, por imitar a Jesús… Pero nadie puede renunciar a que “su persona” sea fecunda, valga para algo en la vida, el arte, la ciencia… o en la vida espiritual. En los monasterios viven “personas” cuya vida es fecunda para la vida espiritual.

En cualquier gesto de cariño hay una chispita de Dios que crea luz y felicidad. En cada “egoísmo” insultante hay una soberana patada al “bien vivir” para los hombres y para Dios.

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.