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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

II.2.2.07. Huida a Egipto. Emigrar.

Tenemos una imagen idílica de la Sagrada Familia. Las narraciones de San Mateo no lo pintan así…

Tienen que escapar a toda prisa. Herodes organiza una matanza de bebés, insensata donde las haya.

En su huída a Egipto, María, José y el Niño reviven los años de destierro y peregrinación de Israel por el desierto. País extraño: otro idioma, otras costumbres, soledad, dependencia, riesgos, inseguridad… Ni siquiera pueden hacer planes para regresar a su tierra. En Egipto se enteran de que el rey Herodes ha muerto.

Ya pueden volver. Seguramente piensan establecerse en alguna aldea cerca de Belén, ciudad de origen de José. Pero se enteran también de que ahora reina Arquelao, “cruel y tirano” según el judío Flavio Josefo. José decide ir al Norte, pasando la Samaria semipagana, para establecerse en Nazaret, una aldea de Galilea, región próxima al Gran Lago.

José no tiene más que sus manos para trabajar. Podrá  establecerse en cualquier aldea porque, como artesano, puede hacer los trabajos que necesiten los vecinos. Su familia depende de los demás.

La identificación de Jesús con los más dolientes de la tierra no es poesía idílica. Para los judeoscristianos de la comunidad de San Mateo es importante enseñar que Dios no se paseó por la tierra para decirnos cosas bonitas sin comprometerse con nosotros. Jesús “revivió” la historia de Moisés y de su pueblo.

Celebramos la Navidad con regalos, banquete, reunión familiar, etc. Muy bien. Pero las “primeras navidades” de la historia no fueron así. ¿Cuántas personas tienen que “pasar” la Navidad alejados de los suyos? Dios quiere vernos celebrar fiestas, por supuesto. Pero con todos, incluídos quienes poco o nada pueden esperar de los hombres. Ésta es nuestra tarea: dar toda la esperanza que podamos a quienes no tienen nada.

Terminemos con esta oración sencilla: Te alabamos, Señor Dios nuestro, porque nos has dado a Jesús; porque te dignaste hacerte un ser humano como nosotros y nos enseñaste a vivir tratando de comportarnos todos como hermanos. A ti, Señor Jesús y a vosotros sus padres, María y José, os pedimos el mejor regalo que podemos y deseamos todos, el don de la paz: paz personal y paz entre todos los pueblos. Os pedimos de forma especial la paz para los pueblos que ahora viven donde vosotros vivisteis hace unos 2000 años. Amén. Así sea.