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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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Desde: 24/09/2015

II.1.1.04. Un saludo del ángel a María “ampliado”

 

Imaginemos que el Ángel Gabriel hubiese querido “soltar el rollo” a la joven María. Seguramente le hubiese dicho algunas ideas que damos aquí… no porque nos consideremos adivinos, sino porque en el fondo bíblico del saludo del ángel Gabriel a María está la Salvación. Quizá podría haber dicho algo así:

“Alégrate, María, porque eres la primera persona en la que se va a instaurar la salvación que Dios ofrece al mundo entero. Tú has sido escogida para ser la primera en aceptarla. También es cierto que tendrás muy difícil aceptar la voluntad de Dios; aunque no entiendas nada, tienes que fiarte de Él, tienes que aceptar la vida de ese hijo que tendrás y que será para ti “como una espada de dolor que atravesará tu alma”. Te lo dirá un anciano profeta cuando vayas a presentar a tu hijito en el Templo. Se referirá a la muerte de tu hijito. Será espantosa, pero… Así lo quiere Dios porque de no ser así los hombres y mujeres jamás se fiarían de Él.

Alégrate “porque Dios te ha elegido y todas las generaciones te llamarán bienaventurada”… serás querida, invocada, alabada por todos los seguidores de ese hijo que vas a tener, por todos los hombres y mujeres que escucharán su palabra y entenderán que sólo intentando parecerse a Él, el océano de maldad se convertirá en manso mar de paz, de alegría…

Aunque tampoco te hagas ilusiones, porque los seres humanos son muy testarudos…

Pero también esto deberás superarlo. Tu corazón terminará siendo una copia perfecta del corazón de tu hijito, que será “el corazón” del mismo Dios. Muchos hombres no le harán caso… No importa. Él seguirá queriendo a todos. Tú serás ejemplo de cristianos queriendo también a todos: a los que te ignoren y a los que te ofendan…”

Después de un discurso así, que no fue pero podría haber sido, será más fácil que se nos llene el alma de ilusión y alegría cuando le recemos a nuestra buena Madre el avemaría:

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.