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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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Desde: 24/09/2015

I.3.2.3. Dios Padre no quiere el sufrimiento de nadie.

 No recuerdo quién dijo esto: “No puedo creer en un Dios que exige la tortura y muerte de su Hijo como rescate por nuestros pecados”. Bueno; tampoco los cristianos creemos en ese Dios. Pero hay que reconocer que tiene cierto sentido. La predicación insistió mucho en el tema del “rescate” que Jesús, el Hijo de Dios hecho Hombre, tuvo que pagar por nuestros pecados. El pecado es del Hombre; el ofendido es Dios. La ofensa es, pues, infinita y el rescate a pagar deberá ser también infinito. Como el Hombre no puede hacer mérito infinito, Dios mismo restableció la justicia haciéndose Hombre en Jesús de Nazaret. Jesús ofreció su vida como sacrificio expiatorio por todos los Seres Humanos. Como Jesús es Dios, su mérito es infinito.

De este tema habla sobre todo la Carta a los Hebreos, atribuida a San Pablo, y que seguramente fue escrita por sacerdotes judíos convertidos al cristianismo y dirigida a sus compañeros sacerdotes hebreos no convertidos.

Según esta Carta, Jesús ofreció al Padre el sacrificio definitivo. En adelante ya no sería necesario ofrecer sacrificios de animales porque el mismo Jesús, el Hijo de Dios, se había sacrificado una vez para siempre y por todos. Ahora bastaba celebrar el “memorial de la pasión y muerte de Jesús” (es decir, la Eucaristía, la Misa), porque el sacrificio de Jesús es de valor infinito como corresponde al Hijo de Dios.

San Anselmo de Canterbury, siglo XI, desarrolló con vigor estas ideas sobre el restablecimiento de la justicia. Su teología pasó a las enseñanzas populares de forma poco equilibrada; se confundieron los rábanos con las hojas… y se popularizó una imagen terrible de Dios.

El colmo de las “malas ideas” sobre el Padre Dios llega con la manía de invocar el castigo divino por cualquier bobada…¿Cómo es posible que cualquier persona que haya tenido una mínima noticia de Jesús de Nazaret se crea que el Padre Dios nos envía castigos para que suframos y lo pasemos muy mal a ver si nos comportamos “como Dios manda”?

Una amiga mía, no creyente, me comentaba: “No entiendo a mis padres. Católicos de toda la vida y practicantes y ahora que van siendo mayores tienen un miedo terrible a la muerte”. Este comentario retrata muy bien una situación generalizada entre personas católicas en las que calaron muy hondo las ideas expuestas arriba.

¡Ven, Señor Jesús! ¡Ven, Señor Jesús! ¡Te necesitamos más que nunca!

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.