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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

I.2.1.04-bis. Hacer el bien o el mal. Motivación.

 

Juguemos un poquito a ser antropólogos. Partimos de este principio: el ser humano es capaz de hacer el bien y el mal. ¿Qué le empuja a hacer uno u otro? Esta pregunta nos mete de cabeza en el tema de las motivaciones, “lo que nos mueve a”…

¿Qué nos empuja a hacer el bien? … Un buen filósofo nos diría que lo primero es asegurarnos de que la premisa “el ser humano es capaz de hacer el bien y el mal” es correcta. Démosla por buena. La respuesta no es homogénea. Podemos hacer la prueba: durante un minuto de verdad (de los de 60 segundos…) pensamos y escribimos la respuesta. Después, cada uno va diciendo la suya. Aparecerá destacado “el amor”… sólo que enseguida vienen más preguntas: ¿Qué tipo de amor? ¿Cuál es la condición básica para poder llamar amor a una motivación? ¿Es fácil diferenciar amor de atracción sexual? ¿Lo que sienten los padres por sus hijos, es amor? ¿El amor, no será una reacción química hormonal? ¿Qué añade el amor humano a los hijos al amor de los animales por sus crías? Etc. Esto, sólo para “abrir el abanico” de temas de reflexión.

¿Qué nos empuja a hacer el mal? ¿Qué es “el mal”? ¿Hay alguna manera de “medirlo”? ¿Cuál sería “la unidad” de esa dimensión? Hoy, una comprobación repetida: Se pregunta en un aula cuál es la causa primera (o más profunda) del mal y sale una respuesta casi unánime: el egoísmo. Dejémoslo ahí…

Tres ejemplitos:

1) Una joven que aparecía muchísimo en las revistas del corazón, se metió a filósofa y sentenció: “El amor no es más que una reacción química”.

2) Una señora muy rica, etc. visitaba un hospital para gente muy pobre. Vio a una monja limpiando las llagas de un anciano y comentó: “Yo no haría eso ni por todo el oro del mundo”. La monja respondió: “¡Toma! Y yo tampoco”.

3) Un chico estaba muy enamorado de una chica. Ella se mostraba inquieta, voluble. El chico “definió” el amor: “Mira Fulanita. Seguiré queriéndote aunque estés clavándome un cuchillo por la espalda”.

Un ejemplo de transformación radical: Tim Guènard (Francia):

Abandonado por su madre a los 3 años. Su padre le rompió 54 huesos a los 5. Vagabundo desde los 13. Violado a los 16. Ejerció la prostitución desde los 20. El objetivo de su vida era matar a su padre a puñetazos, hasta que un sacerdote subió a su moto. Aprendió a perdonar a sus padres. Ahora es apicultor, ama a su mujer y tiene 4 hijos. En su casa acoge a todo el que lo necesite. Su autobiografía “Más fuerte que el odio” se ha traducido a 12 idiomas.

 ¡Señor, danos sabiduría y fuerza de voluntad para saber amar y el porqué de amar!