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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

I.1.1.8. Mal, dolor, sufrimiento. Oración a María.

Hacer el bien, hacer el mal. Amar, odiar. Sufrir, disfrutar. Esclavitud, libertad. Infinito, limitado. Temporal, eterno… Hay muchos polos opuestos en nuestras vidas. En la vida de Dios, tal como nos dijo Jesús, sólo hay un polo y siempre el que nosotros vemos como el deseable: el bien, amar, disfrutar, libertad, infinito, eterno… ¿Por qué ponemos tanto empeño en situarnos en el polo negativo de nuestras vidas? … ¿Quizá porque cuesta mucho dominarnos, aguantar, esperar…? Si no “padeciésemos” esta bipolaridad seríamos animales bastante inteligentes… no seres humanos.

“Nunca estamos solos”. Si hacemos el bien, alguien se beneficiará además de nosotros mismos… Y lo mismo si hacemos el mal. Pongamos un caso de un mal “inocente”: cuando un alumno (un empleado, un jefe, etc.) no hace nada, aunque “se deje estar” más o menos como una pared… está perjudicando a los compañeros, a la sociedad, etc. y desde luego a sí mismo.

Muchos se preguntan: ¿Qué le puede importar a Dios lo que yo haga? Siempre que hacemos daño a otro o a nosotros mismos, estamos ofendiendo a nuestro buen Padre Dios. Sólo tenemos una manera “palpable” de amar a Dios: amando al prójimo, empezando por querernos bien a nosotros mismos. Dios siempre nos acogerá.

En la pelea diaria por ser buenas personas contamos los cristianos con la ayuda espiritual de nuestra buena Madre María, la Madre de Jesús. La invocamos con una oración sencillísima, el avemaría: Repetimos el saludo del Ángel Gabriel y el de su prima Isabel. Añadimos una petición humilde: que nos ampare en todo momento.

Rezamos el avemaría en latín, cantada por Andrea Bocelli.

AVE MARIA 

Ave María, Gratia plena,
Dominus tecum,
benedicta tu in muliéribus,
et benedictus fructus ventris tui, Iesus.
Sancta Maria, Mater Dei, ora pro nobis peccatoribus, nunc et in ora mortis nostrae.
Amen.
Dios te salve, María. Llena eres de gracia.
El Señor está contigo.
Bendita entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.Santa María, Madre de Dios, ruega por nosotros, pecadores, ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén.