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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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Desde: 24/09/2015

VI.5.0.08. Primera carta a los corintios. E: La Resurrección de Jesucristo. ***

 

En una tertulia radiofónica, comentaba uno de los participantes: “El político Fulano de Tal (muy notorio) ha dicho que él es católico, pero no cree en la resurrección de Jesús”. El comentarista añadía: “Pues si es político como cristiano… ¡vamos dados!”. Posiblemente, el político se refería a la “resurrección como revivificación corporal”. Para la fe cristiana es esencial la fe en la Resurrección de Jesús. San Pablo es categórico: “Si Cristo no resucitó, nuestra fe está vacía.” Nos dejó este testimonio escrito a raíz de los problemas surgidos en la comunidad de Corinto. Era lógico. Su cultura griega decía que los seres humanos tienen alma humana. Al morir, el alma sale del cuerpo. Para ellos, la resurrección tenía que ser vuelta del alma al cuerpo; es decir, revivificación. Por tanto, según ellos, Jesucristo podría y debería volver a morir.

Para la cultura hebrea un ser humano era una persona. La persona era la persona y nada más; no tenían la idea aristotélica de cuerpo (materia, carne, “sarkos”) y alma (espíritu, vida, personalidad). Al morir, la persona material, la carne (“sarkos”) desaparecía, pero “su persona” seguía viva en el sheol, un lugar de espera que no se explicaban. San Pablo expresa esta idea diciendo que “si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual”.

San Pablo dijo a los de Corinto “cuál es nuestra fe”, no en qué razones filosófico-antropológicas se basa (1). Para ello escribió un párrafo muy largo, lleno de incisos, derivaciones a otros temas, difícil. Entresacamos lo fundamental:

Pues bien, tanto ellos (los Apóstoles) como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído. Ahora bien, si se predica que Cristo ha resucitado de entre los muertos ¿cómo andan diciendo algunos entre vosotros que no hay resurrección de los muertos?… Y si no resucitó Cristo, vacía es nuestra predicación, vacía también vuestra fe… Si solamente para esta vida tenemos puesta nuestra esperanza en Cristo, ¡somos los más dignos de compasión de todos los hombres!… Del mismo modo que en Adán mueren todos, así también todos reviviremos en Cristo… Lo que tú siembras no revive si no muere… Se siembra un cuerpo natural, resucita un cuerpo espiritual. Pues si hay un cuerpo natural, hay también un cuerpo espiritual.

Recemos como aquel ciego del evangelio: Señor, creo. Pero aumenta mi fe… 

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.

(1) Un ser vivo puede definirse como “un sistema material semiabierto en equilibrio homeostático de flujo de materia, de energía y de información con el medio ambiente”. A continuación hay que definir cada término: sistema, material, semiabierto, flujo, etc. Esto no es materia de estos “momentos de reflexión-oración”. A los griegos, su cultura, eso de que una persona siguiese estando viva tras la muerte biológica debía de producirles un dolor de cabeza terrible. Para la cultura hebrea la cuestión era muy simple: moría la carne, “sarkos”, pero seguía viva la “persona” ¿Cómo? Esa es la gran respuesta de Jesús: “Vida definitiva, eterna (fuera del tiempo y del espacio, inmaterial), feliz, en su Padre Dios.” ¿Demostrable científicamente? Imposible. Por eso es “cuestión de fe”. “Incomprensible a la mente humana” no es ni irracional ni absurdo.

Los griegos se armaban un lío con los conceptos de “cuerpo vivo” y “alma”; los hebreos, con los de “cuerpo” y “persona”.