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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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Desde: 24/09/2015

VI.5.0.05. Primera carta a los corintios. B: ¡… yo no creo en tonterías!

  

Con esta carta a los corintios, planteémonos por qué no creen quienes no creen:

  1. Yo no creo porque todas esas cosas de los curas son tonterías incomprensibles…
  2. Porque predican una cosa y hacen otra…
  3. Porque la religión es un invento para gente débil…
  4. Porque Dios no existe; no se puede demostrar que exista…
  5. Porque Freud ha demostrado que la idea de Dios es una proyección de nuestras propias angustias… Nistche tenía razón, “Dios ha muerto”…
  6. Porque la historia de Jesús está llena de lagunas y de inventos…
  7. Porque ¡lo importante es vivir!…
  8. Porque “¡Déjame en paz! ¿Los pobres…? ¡que se jodan!”…
  9. Porque eso de creer, ir a la iglesia, rezar… es cosa de viejas…
  10. Etc.

Bien. Si San Pablo fuese “abducido” aquí, entre nosotros, podría repetirnos lo que escribió a los corintios:

“Pues yo, hermanos, cuando fui a vosotros, no fui con el prestigio de la palabra o de la sabiduría a anunciaros el misterio de Dios, pues no quise saber entre vosotros sino a Jesucristo, y éste crucificado. Y me presenté ante vosotros débil, tímido y tembloroso. Y mi palabra y mi predicación… fueron una demostración del Espíritu para que vuestra fe se fundase, no en sabiduría de hombres, sino en el poder de Dios.

Sin embargo, hablamos… de una sabiduría de Dios, misteriosa, escondida, destinada por Dios desde antes de los siglos para gloria nuestra, desconocida de todos los príncipes de este mundo – pues de haberla conocido no hubieran crucificado al Señor de la Gloria… Porque a nosotros nos lo reveló Dios por medio del Espíritu… El hombre naturalmente no capta las cosas del Espíritu de Dios; son necedad para él. Y no las puede conocer pues sólo espiritualmente pueden ser comprendidas… Porque ” ¿quién conoció la mente del Señor para instruirle?” Pero nosotros tenemos la mente de Cristo…”

Recemos: Señor, ilumina nuestra mente y fortalece nuestro corazón para llegar a ser hombres o mujeres realmente creyentes, confiados en ti y fuertes para imitar y seguir a Jesús.

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.