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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

I.1.1.5. María de Nazaret en la historia de la Salvación.

Jesús a nadie dejó indiferente mientras vivió. A nadie deja indiferente cuando “contacta” con Él ahora. Para muchos, es inevitable, para amarlo o para maldecirlo.

Jesús dió un mensaje de salvación para toda la Humanidad. Si fuésemos capaces de seguir sus enseñanzas, la inmensa mayoría del daño que nos hacemos unos a otros, o no sucedería o pasaría pronto o se aliviaría.

Pero Jesús nos dio razones para vivir y para morir: El destino de los seres humanos es una vida nueva, definitiva, feliz… “eterna” en Dios; una eternidad que ni siquiera somos capaces de imaginar.

Dios eligió el modo común de hacerse hombre: concebido por una mujer, gestado y dado a luz como todos los demás. Lo que hace pensar ¡y mucho! es que la mujer elegida para ser su Madre en la tierra tuviese en sus manos el destino de la Humanidad. Dios respeta de tal manera nuestra libertad que hasta para entrar en este mundo “pidió permiso” a la mujer elegida:
—“Serás madre, tu hijo será llamado Hijo del Altísimo…”
—“¿Cómo puede ser eso?”
—“Nada es imposible para Dios”.
—“Hágase en mí según palabra ” (En latín, “Fiat mihi secundun verbum tuum”)

¿Decir “sí” a lo desconocido, a lo que le parecería a la joven María un sueño, una inspiración increíble? La Madre de Jesús fue la persona que más se acercó a la Vida de Dios hecho Hombre. Ella estuvo siempre junto a su Hijo “meditando todo aquello en su corazón, aunque en su mente no lo entendía”, dice San Lucas.

La imagen que mejor sintetiza la maternidad de María quizá sea “La Piedad”, la Madre con el cuerpo torturado a muerte de su Hijo Jesús, desenclavado de la Cruz.

Los cristianos rezamos a María porque estamos seguros de su proximidad al Corazón “humano” de Redentor “divino”. Ella es “nuestra Madre espiritual”, es como si nos hubiese engendrado a la vida de Dios, la que se siembra en el tiempo y germina en la eternidad.

Mientras repensamos estas ideas, contemplamos las imágenes de La Piedad de Miguel Ángel.