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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

VI.3.6.30. Anunciación a María. 25 de marzo.

Esta es una de las cinco grandes fiestas dedicadas a la Madre de Jesús a lo largo del año. Los cristiasnos de Occiente la celebramos desde el siglo VI, pero los de Oriente ya la celebraban mucho antes. Señalar el 25 de marzo para su celebración no es más que tener en cuenta los 9 meses de embarazo, hasta el 25 de diciembre, que celebramos el nacimiento de Jesús.

Como siempre, importa más saber qué celebramos. El “hecho” está narrado por San Lucas. Lo llamamos habitualmente “Anunciación” porque narra cómo el ángel Gabriel “anunció” a María, una joven judía que vivía en Nazaret de Galilea, que“concibiría en su seno y daría a luz a un niño que sería Hijo del Altísimo… que heredaría el trono de David…”. Ante tal revelación, la joven María se puso en manos de Dios: “Hágase en mí según tu palabra”. El “hágase” se dice en latín “fiat mihi”. Por esta razón, al referirse a nuestra Buena Madre María se habla con frecuencia de su “fiat”, “hágase” como ejemplo insuperable de aceptación de la voluntad de Dios.

Celebramos, pues, en esta solemnidad dos hechos diferentes pero inseparables como las dos caras de la misma moneda: Por una parte la Maternidad divina de María y, por otra, la Encarnación del Hijo de Dios.

Maternidad divina de María: durante los primeros siglos hubo un follón descomunal acerca del uso de esta expresión. Impregnados como estaban de las mitologías griegas y romanas, la interpretación podía ser cualquier cosa. Para nosotros ahora es fácil: María consintió libremente quedar embarazada y gestar en su seno a un ser humano que sería Jesús de Nazaret. Andando el tiempo y después de su resurrección o exaltación tras su muerte en cruz, los cristianos se dieron cuenta de que aquel hombre era el anunciado Mesías, el mismísimo Hijo de Dios y Dios como el Padre. Ser Humano, sí, pero también Dios. Incomprensible, ¿verdad? Por eso es objeto de fe y de celebración.

Por eso también nos quedamos boquiabiertos cuando pensamos a fondo: resulta que Dios, el Creador de cuanto existe, el infinito, el… se hizo ser humano como cualquier otro. ¡Creador del Universo! El Universo comienza en el big-bang, cantidades materialmente impensables de materia en forma de galaxias, agujeros negros, estrellas,… planetas… y hasta polvo y pedruscos en un espacio que se tarda millones y millones de años luz en atravesarlo… En medio de esa inmensidad de tiempo y espacio, un granito llamado Tierra se formó hace 4.500 millones de años, se enfrió y apareccieron formas muy elementales de vida. Fueron evolucionando hasta aparecer los seres humanos ¡hace tan solo unos 100.000 años! Y de ellos, de historia-historia, apenas 20.000 años… Pues bien: en esta miseria de pequeñez material y temporal, esos seres humanos “merecimos” la atención del Creador y se hizo uno más de nosotros…

Muchas personas no creen posible esto que decimos los cristianos. Hablan de casualidad, de azar… Y es que realmente,según nuestro propio parecer, hay que estar un poco loco para hacer semejante cosa. Pues eso que nosotros jamás pensaríamos… eso es lo que hizo Dios: hacerse hombre, encarnarse, en una mujer, María, a la que después llamaríamos, y llamamos, la Madre de Jesús, la Madre de Dios.. y madre espiritual nuestra. “Madre” porque engendrando voluntaria y libremente a Jesús nos engendró también a nosotros para una existencia feliz ya sin límites de tiempo y espacio.

Incomprensible ¿verdad? Eso… y mucho más. ¡¡Pero real!! Por eso los creyentes nos arrodillamos humildemente cuando recordamos el hecho. El rezo del “ángelus” nos sobrecoge. (Ángelus.)