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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

VI.3.6.21. Santa María, Madre de Dios. Día 1 de enero.

En la liturgia cristiana, Las grandes fiestas se celebran durante toda una semana. El primer día después de esa semana es la “jornada octava” de la fiesta. Se dice simplemente “octava” de Navidad, de Pascua, etc.

El 1 de enero es “la octava” de Navidad. Este día celebramos la fiesta de Santa María, Madre de Dios. El evangelio del día dice:

“Y fueron a toda prisa, y encontraron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Al verlo, dieron a conocer lo que les habían dicho acerca de aquel niño; y todos los que lo oyeron se maravillaban de lo que los pastores les decían. María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón.

Los pastores se volvieron glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, conforme a lo que se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidarle, se le dio el nombre de Jesús, el que le dio el ángel antes de ser concebido en el seno.”

Los cristianos comenzaron a invocar a la Madre de Jesús muy pronto. Hay una oración muy cortita conocida ¡ya por escrito! hacia finales del siglo III, antes de la conversión al cristianismo del Emperador Constantino, en el 314.

Al llamar a María “Madre de Dios” jamás pensaron los cristianos que María fuese Madre de la Divinidad. Pero los cristianos del siglo IV se liaron muchísimo y con gran apasionamiento… Por fin, el concilio de Nicea declaró que María podía ser invocada como Madre de Dios, en el sentido que se le había dado siempre. Celebrarla el primer día del año es poner el año que empieza bajo su protección (“Bajo tu protección…”) de María.

Podemos dirigirnos a María como a la persona que más próxima estuvo a Jesús. Ella puede acoger nuestras inquietudes de vida, de ideas, de proyectos, de tristezas, de alegrías… y presentarlos a su hijo Jesús. Ella nos entiende perfectamente, porque es nuestra hermana en la fe. Una anécdota muy significativa: Bodas de Caná. Surge un problema, se acaba el vino. María acude a Jesús y le muestra el problema: “No tienen vino”. Jesús hace el milagro: lo poco valioso, el agua, se convierte en lo más valioso del momento; la angustia se convierte en alegría; la desconfianza se convierte en fe (“…a partir de entonces, sus discípulos creyeron más en él…”).

Recemos muchas veces pensando lo que decimos, la oración citada antes: “Nos acogemos bajo tu protección¡Santa Madre de Dios! No deseches nuestras súplicas ni te olvides de nuestras necesidades, antes bien líbranos siempre de todo peligro ¡oh Virgen gloriosa y bendita!”