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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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Desde: 24/09/2015

VI.2.1.2. ¿Tener fe o ser creyentes?

Cuestión: Ser católico, incluso practicante, no significa necesariamente ser creyente y seguidor de Jesús. “Tener” fe no es necesariamente igual a “ser” creyente.

Aclaramos: Toda religión tiene una serie de prácticas fundadas en verdades trascendentes. Sus fieles “tienen fe” siempre que admitan las verdades de su religión. En el cristianismo, muchas personas van a misa… “Pero que el cura no se pase de 10 minutos hablando… ¡Vaya plasta!”. Las oraciones del gloria, credo, padrenuestro, etc. se canturrean a toda prisa, no se rezan. “Oyen misa”, pero… ¿”La misa no me dice nada o yo no digo nada en misa”?

Conocí una familia entera, padres y cuatro hijos, que no pisaban la iglesia. La madre siempre decía: No vamos a misa, pero ni robamos ni matamos… ¡Hombre! tener fe, tenían quizá; ¡practicarla!… Nada… ¡”Ser creyente” es mucho más que ir o no ir a misa, más que no robar y no matar!

Ser creyente cristiano implica que las verdades de la religión “que practico” han sido interiorizadas por mí, las he hecho “carne de mi espíritu”, a veces incluso me las he cuestionado, he tomado “decisiones de pensamiento” respecto de lo que creo. Esa fe que heredé, la he hecho mía. Eso es ser creyente. Lógicamente, el hecho de ser creyente y hasta practicante habitual, no me convierte en un santazo de cuerpo entero. Puede que cometa pecados, pero siempre sabré que seré perdonado por el Padre Dios porque lo enseñó Jesús, me recuperaré de la maldad cometida, etc.

Cuentan que un caballero del siglo XIII era un libertino, pendenciero, bebedor, abusón… El cura le decía que iría al infierno. Él contestaba que no porque “cuando vaya a morirme diré ¡Jesús! y todo arreglado”. Dentro de su pesada armadura, pasaba un día a caballo por un puente bastante alto; el caballo se encabritó y lo tiró del puente abajo… Lo último que dijo no fue precisamente “¡Jesús!”… Confesión, sí. Pero no como un rito vacío, sin mí mismo.

En cierta ocasión vi a una señora anciana a quien conocía de vista por verla cada domingo en misa. Estaba a la puerta de un organismo del ayuntamiento y… “se desahogaba” con amplio repertorio de insultos, maldiciones y juramentos. Una joven de la Institución le comentó desde la misma puerta: “Pero oiga, ¿no es usted de las que siempre va ahí a la iglesia, a rezar? (La iglesia quedaba a menos de 50 metros) ¡Pues oiga! ¡Practique! ¡Que vaya retahíla me ha soltado! ¿Pero no dicen ustedes que hay que perdonar?” La joven le sirvió en la bandeja de la verdad la necesidad de pasar de “tenerfe” a “ser creyente”.

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.