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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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V.3.2.00. Las primeras comunidades cristianas. Jerusalén.

El libro de Los Hechos de los Apóstoles hace una breve reseña de cómo entendían “ser cristianos” aquellos primeros judíos que reconocieron a Jesús como Mesías.

“Los que acogieron su Palabra fueron bautizados… Acudían asiduamente a la enseñanza de los apóstoles, a la comunión, a la fracción del pan y a las oraciones. Todos estaban asombrados, pues los apóstoles realizaban muchos prodigios y señales. Todos los creyentes vivían unidos y tenían todo en común; vendían sus posesiones y sus bienes y repartían el precio entre todos, según la necesidad de cada uno. Acudían al Templo todos los días con perseverancia y con un mismo espíritu, partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón. Alababan a Dios y gozaban de la simpatía de todo el pueblo. El Señor agregaba cada día a la comunidad a los que se habían de salvar.”

  • La fuerza del Espíritu Santo, de la Gracia de Dios, los impulsaba a desprenderse de todo, ponerlo en común, y dedicarse a la “verdadera vida”, la definitiva, la que había traído Jesús.
  • Comunicaban a todos su experiencia de Jesús. La comunidad crecía.

Dos consecuencias: Una, que surgieron tensiones entre ellos de tipo doctrinal y vivencial (eran seres humanos, no ángeles). Otra, que llegaría el momento en que sería imposible mantener este sistema de todo en común.

Ambas cosas sucedieron. Se dispersaron. La persecución de las autoridades judías empezó pronto a pesar de que “cada día subían al templo a orar”. Pero “predicaban” al inolvidable Jesús, “practicaban” su palabra y la “explicaban” a quienes quisieran escucharlos. Reconocían que toda la historia de Israel era historia de Salvación de Dios, pero no sólo para el pueblo judío. Añadían algo muy amenazante para el poder: que esa salvación ya se había consumado en Jesús: el mismísimo Yahvé se había hecho ser humano en el judío Jesús de Nazaret, y estaba ya “vivo” definitivamente en Dios; las autoridades lo mataron pero Dios lo exaltó, lo resucitó. La resurrección de Jesús era el destino de cuantos quisieran seguirle. La muerte biológica no pasaba de ser la puerta de entrada en la Vida de Dios. Sin la fuerza divina del Espíritu Santo no es posible explicar la capacidad de “contagio” de los primeros cristianos.

Una idea y varias preguntas: los católicos españoles “estamos en retroceso”. ¿Estará fallando el Espíritu Santo? ¿Ha perdido “fuerza” su Gracia o hemos perdido nosotros voluntad de seguir a Jesús “predicando” y “practicando”…? ¿Por qué hay tantos católicos españoles que pierden la fe? ¿De quién es la “culpa”: del Espíritu, de los curas, nuestra…? ¿Por qué?

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.