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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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Desde: 24/09/2015

V.1.1.07. Los discípulos de Emaús.

Esta narración “retrata” a muchísimos cristianos de hoy: somos capaces de “caminar” junto al mismísimo Jesús sin reconocerlo… Cuenta San Lucas:

Aquel mismo día iban dos de sus discípulos a un pueblo llamado Emaús, que distaba unos once kilómetros de Jerusalén. Iban hablando sobre todo lo que había pasado. Mientras conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y se puso a caminar a su lado; pero, aunque le veían, algo les impedía reconocerlo. Jesús les preguntó:
— ¿De qué venís hablando por el camino?
Se detuvieron tristes, y uno de ellos llamado Cleofás le respondió:
— Seguramente tú eres tú el único residente en Jerusalén que no sabe las cosas que estos días han pasado en ella.
Les preguntó:
— ¿Qué ha sucedido?
Le dijeron:
— Lo de Jesús de Nazaret, que fue un profeta poderoso en obras y palabras delante de Dios y de todo el pueblo. Los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran. Nosotros teníamos la esperanza de que él fuese el libertador de la nación de Israel,  pero ya han pasado tres días desde entonces. Sin embargo, algunas mujeres que están con nosotros nos han asustado, pues fueron de madrugada al sepulcro y no hallaron su cuerpo; y vinieron a casa contando que unos ángeles se les habían aparecido y les habían dicho que Jesús está vivo. Fueron también algunos de los nuestros al sepulcro y lo hallaron tal como las mujeres habían dicho, pero no vieron a Jesús. 
Jesús les dijo entonces:
— ¡Qué faltos de comprensión sois y cuánto os cuesta creer todo lo que dijeron los profetas! ¿Acaso no tenía que sufrir el Mesías estas cosas antes de ser glorificado?
Luego se puso a explicarles todos los pasajes de las Escrituras que hablaban de él comenzando por los libros de Moisés y siguiendo por todos los libros de los profetas. Al acercarse al pueblo a donde iban, Jesús hizo ademán de seguir adelante. Pero ellos le obligaron a quedarse diciendo:
— Quédate con nosotros, porque atardece y se está haciendo de noche.
Entró, pues, Jesús y se quedó con ellos. Cuando se puso a la mesa con ellos, tomó el pan, y habiendo dado gracias a Dios, lo partió y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y reconocieron a Jesús;pero él desapareció. Se dijeron uno a otro:
— ¿No es cierto que el corazón nos ardía el pecho mientras nos venía hablando por el camino y nos explicaba las Escrituras?
Sin esperar a más, se pusieron en camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once apóstoles y a los que estaban con ellos. Éstos les dijeron:
— Verdaderamente ha resucitado el Señor y se apareció a Simón.
Entonces ellos contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo reconocieron a Jesús al partir el pan.

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.