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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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Desde: 24/09/2015

IV.5.7.00. Descendimiento de la cruz. Himno “Stabat Mater”

Dice San Juan:

“Los judíos, como era el día de la Preparación, para que no quedasen los cuerpos en la cruz el sábado – porque aquel sábado era muy solemne – rogaron a Pilato que les quebraran las piernas y los retiraran. Fueron, pues, los soldados y quebraron las piernas del primero y del otro crucificado con él. Pero al llegar a Jesús, como lo vieron ya muerto, no le quebraron las piernas, sino que uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua. El que lo vio lo atestigua y su testimonio es válido, y él sabe que dice la verdad, para que también vosotros creáis…”.

Los crucificados vivían dos o tres días. Sufrimiento espantoso. Sus gritos aterrorizaban a la gente. A fin de cuentas, ese era el objetivo de castigo tan cruel, atemorizar a la gente de los pueblos dominados. Pero Jesús tardó sólo unas tres horas en morir en la cruz, debido a la tortura previa de la flagelación. Era el atardecer. Romper a mazazos las piernas de los crucificados era otra crueldad añadida. Los huesos rotos duelen espantosamente; estando colgados de la cruz, este dolor tenía que ser insoportable.

Las imágenes de La Piedad o de La Dolorosa expresan intensamente la tragedia inhumana del dolor moral más cruel: impotencia, brutalidad, injusticia… y del amor incomprensible de Dios hacia nosotros. En el vídeo siguiente escribimos la traducción al español sobre la música gregoriana y la letra en latín. Escuchar, contemplar, pensar… ¡ y rezar! (Vídeo Stabat Mater. )

Stabat mater dolorosa
juxta Crucem lacrimosa,
dum pendebat Filius.

Cuius animam gementem,
contristatam et dolentem,
pertransivit gladius.

O quam tristis et afflicta
fuit illa benedicta
Mater Unigeniti.

Quae moerebat et dolebat,
Pia Mater cum videbat
Nati poenas incliti.

Quis est homo qui non fleret,
Matrem Christi si videret
in tanto supplicio?

Quis non posset contristari,
Christi Matrem contemplari
dolentem cum Filio?

Pro peccatis suae gentis
vidit Jesum in tormentis
et flagellis subditum.

Vidit suum dulcem natum
moriendo desolatum,
dum emisit spiritum.

Eia Mater, fons amoris,
me sentire vim doloris
fac, ut tecum lugeam.

Fac ut ardeat cor meum
in amando Christum Deum,
ut sibi complaceam.

Estaba la Madre dolorosa
junto a la Cruz, llorosa,
en que pendía su Hijo.

Su alma gimiente,
contristada y doliente
atravesó la espada.

¡Oh cuán triste y afligida
estuvo aquella bendita
Madre del Unigénito!

Languidecía y se dolía
la piadosa Madre que veía
las penas de su excelso Hijo.

¿Qué hombre no lloraría
si a la madre de Cristo viera
en tanto suplicio?

¿Quién no se entristecería
a la Madre contemplando
con su doliente Hijo?

Por los pecados de su gente
vio a Jesús en los tormentos
y doblegado por los azotes.

Vio a su dulce Hijo
muriendo desolado
al entregar su espíritu.

Ea, Madre, fuente de amor,
hazme sentir tu dolor,
contigo quiero llorar.

Haz que mi corazón arda
en el amor de mi Dios
y en cumplir su voluntad.

Sancta mater, istud agas,
crucifixi fige plagas
cordi meo valide.

Tui nati vulnerati,
tam dignati pro me pati,
poenas mecum divide.

Fac me tecum pie flere,
crucifixo condolere,
donec ego vixero.

Iuxta crucem tecum stare,
et me tibi sociare
in planctu desidero.

Virgo virginum praeclara,
mihi iam non sis amara:
fac me tecum plangere.

Fac ut portem Christi mortem,
passionis fac consortem,
et plagas recolere.

Fac me plagis vulnerari,
fac me cruce inebriari,
et cruore Filii.

Flammis ne urar succensus
per te Virgo, sim defensus
in die judicii

Christe, cum sit hinc exire,
da per matrem me venire
ad palmam victoriae.

Quando corpus morietur,
fac ut animae donetur
Paradisi gloria. Amen

Santa Madre, yo te ruego
que me traspases las llagas
del Crucificado en el corazón.

De tu Hijo malherido
que por mí tanto sufrió
reparte conmigo las penas.

Déjame llorar contigo
condolerme por tu Hijo
mientras yo esté vivo.

Junto a la Cruz contigo estar
y contigo asociarme
en el llanto es mi deseo.

Virgen de Vírgenes preclara
no te amargues ya conmigo,
déjame llorar contigo.

Haz que llore la muerte de Cristo,
hazme socio de su pasión,
haz que me quede con sus llagas.

Haz que me hieran sus llagas,
haz que con la Cruz me embriague,
y con la Sangre de tu Hijo.

Para que no me queme en las llamas,
defiéndeme tú, Virgen santa,
en el día del juicio.

Cuando, Cristo, haya de irme,
concédeme que tu Madre me guíe
a la palma de la victoria.

Y cuando mi cuerpo muera,
haz que a mi alma se conceda
del Paraíso la gloria.