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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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IV.5.5.02. Coronación de espinas y burlas.

Tras la flagelación, los soldados romanos lo arrastraron a algún lugar cubierto y allí se entretuvieron mofándose de él. Le pusieron tres atributos reales: corona, capa o clámide púrpura y cetro para realizar una coronación de burla. De corona, unas ramas trenzadas de un arbusto muy espinoso, abundante en la zona; de clámide, le echaron encima un trapo viejo y sucio de color rojizo; de cetro, entre las muñecas atadas, un trozo de caña. La burla fue completada con bofetas, insultos, escupitajos (especial significado despreciativo) y frases burlonas. Es decir, de una frase de Jesús cuyo sentido no entendían (“Sí. Yo soy rey…”) hicieron una escena de mofa y burla de su persona, de su mensaje… de su vida. La ofensa y la injusticia dirigidas a Jesús alcanzaron su persona íntegramente.

Hay que tener en cuenta una circunstancia: las cohortes del ejército de una ciudad estaban formadas por soldados de naciones vecinas. Pura estrategia: entre pueblos vecinos siempre había recuerdos odiosos, ansias de venganza, cuando no guerras abiertas(1). Los oficiales sí serían romanos; los soldados, no. La burla fue gratuita. Se reirían con ganas: un pobre galileo jugando a hacerse rey de un pequeño pueblo sometido, el judío, ante el Gobernador del Imperio. Se morirían de risa. Fueron crueles.

San Mateo lo cuenta así:

“Entonces, les soltó a Barrabás; y a Jesús, después de azotarle, se lo entregó para que fuera crucificado. Entonces los soldados del procurador llevaron consigo a Jesús al pretorio y reunieron alrededor de él a toda la cohorte. Le desnudaron y le echaron encima un manto de púrpura; trenzando una corona de espinas, se la pusieron sobre su cabeza, y en su mano derecha una caña; y doblando la rodilla delante de él, le hacían burla diciendo: “¡Salve, Rey de los judíos!”; y después de escupirle, cogían la caña y le golpeaban en la cabeza. Cuando se hubieron burlado de él, le quitaron el manto, le pusieron sus ropas y le llevaron a crucificarle.”

Sólo una pregunta para hacer pensar: Pegar a una persona mayor es ofender su dignidad. Y los insultos ¿qué? Y las maledicencias, chismes, murmuraciones, cuentos… ¿qué? Si fuésemos capaces de ver “hermanos y hermanas” en quienes están a nuestro lado ¿no os parece que mejorarían muchísimo las relaciones entre compañeros, familias, etc? ¿Y si nos propusiésemos callar como muertos respecto de las cosas que vemos malas y hablar sólo de las buenas?

(1) La Guerra de Los Balcanes, antigua Yugoslavia, tuvo este origen… ¡y en pleno final del siglo XX