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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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Desde: 24/09/2015

IV.5.4.00. Juicio civil contra Jesús. Narración evangélica de San Juan.

Texto evangélico. Aunque no suple la lectura, el siguiente vídeo muestra la escena. (8 minutos)

“De la casa de Caifás llevan a Jesús al pretorio (1). Era de madrugada. Ellos no entraron en el pretorio para no contaminarse y poder así comer la Pascua. Salió entonces Pilato fuera donde ellos y dijo:
— ¿Qué acusación traéis contra este hombre? Ellos le respondieron:
— Si éste no fuera un malhechor, no te lo habríamos entregado. Pilato replicó:
—Tomadle vosotros y juzgadle según vuestra Ley. Los judíos replicaron:
— Nosotros no podemos dar muerte a nadie. Así se cumplía lo que había dicho Jesús cuando indicó de qué muerte iba a morir. Entonces Pilato entró de nuevo al pretorio y llamó a Jesús y le dijo:
— ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondió Jesús:
— ¿Dices eso por tu cuenta, o es que otros te lo han dicho de mí? Pilato respondió:
— ¿Es que yo soy judío? Tu pueblo y los sumos sacerdotes te han entregado a mí. ¿Qué has hecho?Respondió Jesús:
— Mi Reino no es de este mundo. Si mi Reino fuese de este mundo, mi gente habría combatido para que no fuese entregado a los judíos: pero mi Reino no es de aquí. Entonces Pilato le dijo:
— ¿Luego tú eres Rey? Respondió Jesús:
— Sí, como dices, soy Rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz. Le dice Pilato: — ¿Qué es la verdad? Y, dicho esto, volvió a salir donde los judíos y les dijo:
— Yo no encuentro ningún delito en él. Pero es costumbre entre vosotros que os ponga en libertad a uno por la Pascua. ¿Queréis, pues, que os ponga en libertad al Rey de los judíos? Ellos volvieron a gritar diciendo:
— ¡A ése, no; a Barrabás! 
Barrabás era un salteador.

Pilato entonces tomó a Jesús y mandó azotarle. Los soldados trenzaron una corona de espinas, se la pusieron en la cabeza y le vistieron un manto de púrpura; y, acercándose a él, le decían: Salve, Rey de los judíos. Y le daban bofetadas. Volvió a salir Pilato y les dijo:
— Mirad, os lo traigo fuera para que sepáis que no encuentro ningún delito en él. Salió entonces Jesús fuera llevando la corona de espinas y el manto de púrpura. Díceles Pilato:
— Aquí tenéis al hombre. (“Ecce homo”, en latín.) Cuando lo vieron los sumos sacerdotes y los guardias, gritaron:
— ¡Crucifícalo, crucifícalo! Les dice Pilato:
— Tomadlo vosotros y crucificadle, porque yo ningún delito encuentro en él. Los judíos le replicaron:
— Nosotros tenemos una Ley y según esa Ley debe morir, porque se tiene por Hijo de Dios. Cuando oyó Pilato estas palabras, se atemorizó aún más. Volvió a entrar en el pretorio y dijo a Jesús:
— ¿De dónde eres tú? Pero Jesús no le dio respuesta. Dícele Pilato:— ¿A mí no me hablas? ¿No sabes que tengo poder para soltarte y poder para crucificarte? Respondió Jesús:
— No tendrías contra mí ningún poder, si no se te hubiera dado de arriba; por eso, el que me ha entregado a ti tiene mayor pecado. Desde entonces Pilato trataba de librarle. Pero los judíos gritaban:
— Si sueltas a ése, no eres amigo del César; todo el que se hace rey se enfrenta al César. Al oír Pilato estas palabras, hizo salir a Jesús y se sentó en el tribunal, en el lugar llamado Enlosado, en hebreo Gabbatá. Era el día de la Preparación de la Pascua, hacia la hora sexta. Dice Pilato a los judíos:
— Aquí tenéis a vuestro Rey. Ellos gritaron:
— ¡Fuera, fuera! ¡Crucifícale! Les dice Pilato:
— ¿A vuestro Rey voy a crucificar? Replicaron los sumos sacerdotes:
— No tenemos más rey que el César.

Entonces se lo entregó para que fuera crucificado.”

(1) El pretorio era el edificio residencial y administrativo del Gobernador romano. Siempre había un patio interior para reuniones, celebraciones, etc. “Para no contaminarse” porque el pretorio era “casa de paganos”.