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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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IV.5.2.05. Getsemaní: sufrimiento pero entrega voluntaria. Miedo y valentía.

San Lucas:

“… Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mí este cáliz; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» Entonces, se le apareció un ángel que le confortaba. Sumido en agonía, insistía más en su oración. Su sudor se hizo como gotas espesas de sangre que caían en tierra.

… Vino donde los discípulos y los encontró dormidos por la tristeza; y les dijo: «¿Cómo es que estáis dormidos? Levantaos y orad para que no caigáis en tentación.» Todavía estaba hablando, cuando se presentó un grupo; el llamado Judas, uno de los Doce, iba el primero, y se acercó a Jesús para darle un beso. Jesús le dijo: «¡Judas, con un beso entregas al Hijo del hombre!» Viendo los que estaban con él lo que iba a suceder, dijeron: «Señor, ¿herimos a espada?» y uno de ellos hirió al siervo del Sumo Sacerdote y le llevó la oreja derecha. Pero Jesús dijo: «¡Dejad! ¡Basta ya!» Y tocando la oreja lo curó.

Dijo Jesús a los que habían venido contra él: «¿Habéis salido con espadas y palos como contra un salteador? Estuve todos los días en el Templo con vosotros y no me pusisteis las manos encima… Pero esta es vuestra hora y el poder de las tinieblas.» Entonces le prendieron, se lo llevaron; Pedro les seguía de lejos.”

Jesús “ve” la voluntad de su Padre Dios; le hace sufrir hasta ¡sudar sangre! pero acepta plenamente. Ruega por sus discípulos de entonces y de siempre para que estemos unidos en la lucha despierta por conseguir un mundo más humano… que es el Reino de Dios.

Contrasta la firmeza de Jesús aceptando la voluntad de Dios con el cansancio y la angustia de sus discípulos más íntimos, incapaces de velar con él. Para la comunidad cristiana de San Lucas, el recuerdo de que, incluso en medio de la persecución (que sin duda alguna ya estaban sufriendo), hay que mantenerse unidos espiritualmente a Jesús porque Él “es” la Verdad… (Aunque haya gente que le cueste admitirlo, o lo niegue, o lo combata soezmente y con mentiras).

Lo más trágico de la situación es, quizá, que el traidor es uno de los suyos… Un ejemplo: la división entre católicos y protestantes. Basta investigar un poquito en esta historia para ver “adormilados” a los cristianos entre montañas de intereses económicos, políticos, etc… No obstante, ni en los peores momentos de la historia de la Iglesia, faltaron hombres y mujeres realmente santos. La Iglesia somos todos, no solo “Pedro, Santiago y Juan”… la Jerarquía.

Una pregunta para “molestar”: ¿Cuál es la voluntad de Dios sobre tí, sobre tu vida? ¿Te da miedo la pregunta? ¿O te da más miedo la respuesta? ¿Escurres el bulto? (Hay multitud de maneras de hacerlo: “Que se hagan cristianos los….” “¡A mí qué leches me importa el Reino!” “¡Bobadas!” Etc.)