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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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IV.5.2.00. El prendimiento. Narración evangélica.

Recordemos que los evangelios no son crónicas sino enseñanzas de fe. Sobre una base histórica, las primeras comunidades cristianas confesaban y transmitían su fe basada en la Biblia. Para su fe era más importante enseñar queJesús fue “el Justo Sufriente” del que habla el libro de Daniel que los detalles de su Pasión.

Seiscientos hombres armados, una cohorte, para apresar a un hombre que jamás ha dicho nada contra el Imperio, vale poco como dato histórico. En cambio acentúa aun más la enseñanza de la absoluta libertad de Jesús a la hora de sufrir la pasión y muerte. ¡Y esto sí es fundamental! Su respuesta “Yo soy” hace retroceder y caer por tierra “derrotados” a los soldados… La palabra “Yo-soy” era, y es, la definición que Dios da sí mismo a Moisés desde la zarza ardiendo sin consumirse. La enseñanza es clarísima: quien se entrega a los soldados lo hace libremente a pesar de ser el “Yo-soy”, Dios Todopoderoso, hecho Hombre en Jesús.

Transcribimos aquí la narración de San Juan.

… Pasó Jesús con sus discípulos al otro lado del torrente Cedrón, donde había un huerto, en el que entraron él y sus discípulos. También Judas, el que le entregaba, conocía el sitio, porque Jesús se había reunido allí muchas veces con sus discípulos. Judas, pues, llega allí con la cohorte y los guardias enviados por los sumos sacerdotes y fariseos, con linternas, antorchas y armas.

Jesús, que sabía todo lo que le iba a suceder, se adelanta y les pregunta: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno.» Díceles: «Yo soy.» Judas, el que le entregaba, estaba también con ellos. Cuando les dijo: «Yo soy», retrocedieron y cayeron en tierra. Les preguntó de nuevo: «¿A quién buscáis?» Le contestaron: «A Jesús el Nazareno». Respondió Jesús: «Ya os he dicho que yo soy; así que si me buscáis a mí, dejad marchar a éstos.» Así se cumpliría lo que había dicho: «De los que me has dado, no he perdido a ninguno.»

Entonces Simón Pedro, que llevaba una espada, la sacó e hirió al siervo del Sumo Sacerdote, y le cortó la oreja derecha. El siervo se llamaba Malco. Jesús dijo a Pedro: «Vuelve la espada a la vaina. La copa que me ha dado el Padre, ¿no la voy a beber?»

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.