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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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IV.4.3.1. La grandeza humana en el servicio a los demás.

Antes de comenzar su celebración pascual, su “última cena”, Jesús quiere dar una lección práctica inolvidable acerca de algo que necesariamente ha de ser muy importante, decisivo. Es un gesto sencillo. Lavar los pies de los invitados antes de ponerse a la mesa era acción que realizaban los sirvientes de la casa. Jesús toma el puesto de los siervos y personalmente lava los pies de sus discípulos.

Todas las palabras y acciones de la Última Cena están cargadas de significado. Lo que dijo a sus discípulos tras lavarles los pies es la “institución del servicio fraterno universal”. ¡Cuántas vidas cristianas entregadas la servicio de sus hermanos, incluso los más desechados por la sociedad (lepra, sida, ancianos desamparados, minusválidos, cárcel…)! Sin olvidar que en cualquier profesión, casi en cualquier circunstancia, las personas siempre podemos servir a nuestro prójimo.

“Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote… se levanta de la mesa, se quita sus vestidos y, tomando una toalla, se la ciñó. Luego echa agua en un barreño y se puso a lavar los pies de los discípulos y a secárselos con la toalla con que estaba ceñido.

Llega a Simón Pedro; éste le dice: «Señor, ¿tú lavarme a mí los pies?» … sigue una corta discusión con Pedro que termina diciendo: «Señor, no sólo los pies, sino hasta las manos y la cabeza.»

Después que les lavó los pies, tomó sus vestidos, volvió a la mesa, y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis “el Maestro” y “el Señor”, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Señor y el Maestro, os he lavado los pies, vosotros también debéis lavaros los pies unos a otros. Porque os he dado ejemplo, para que también vosotros hagáis como yo he hecho con vosotros. En verdad, en verdad os digo: no es más el siervo que su amo, ni el enviado más que el que lo envía. Sabiendo esto, dichosos seréis si lo cumplís.

A modo de ejemplo y sólo para comenzar el diálogo: ¿Cómo cambiaría la vida en “mi” familia sólo con que “yo” empezase a “servir” en vez de sólo “ser servido”? ¿Cambiaría algo el ambiente en mi casa? ¿Y si lo hago entre compañeros?

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.