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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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IV.4.1.09. Unamuno. El Lázaro de cada uno…

 

“Cada cual lleva en sí un Lázaro que sólo necesita de un Cristo que lo resucite, y ¡ay de los pobres Lázaros que acaban bajo el sol de su carrera de amores y dolores aparenciales sin haber topado con el Cristo que les diga ‘levántate’!”

Son palabras de Unamuno. Es difícil sopesar todo su valor sin saber nada del personaje que las dijo. Recordemos tan sólo que es uno de los más grandes intelectuales (filósofo, escritor) de España del siglo pasado. En internet, consultando “epitafios”, dan como suyo el siguiente: “Sólo le pido a Dios que tenga piedad con el alma de este ateo”. Sin embargo, el que figura en su tumba, en Salamanca, es: “Méteme, Padre eterno, en tu pecho, misterioso hogar, dormiré allí, pues vengo deshecho, del duro bregar”.

Pues bien. Este hombre, pensador, rebelde, profundamente humano, que se extasiaba ante el Cristo de Velázquez o se quedaba absorto y mudo ante el Cristo yacente de las Claras de Palencia, es quien se compadece de los hombres y mujeres que atareados en sus vidas de “amores y dolores” nunca acaban de encontrarse con un Cristo que les grite al corazón, como a Lázaro, un “¡Levántate!”. Un grito de Jesús que suelte sus ataduras de muerte, bendas y sudario, y les permita caminar bajo la luz de un sol, de Dios, distinto del sol luminoso pero agotador de los afanes de la vida de cada día. Dicho de otra manera, un hombre que no tenía nada de cura (estaba muy enfrentado con el obispo de Salamanca), que conocía todo lo habido y hasta por haber en materia del Pensamiento, Filosofía… este hombre nos grita ahora a nosotros que sin la voz, la palabra, el aliento, el “sentido” de Jesús corremos el riesgo de malpasar o perder miserablemente nuestras vidas.

Conozco a muchísimas personas que, aun siendo católicos, viven atados de pies, manos “y cabeza” por los afanes de la vida sin más luz que el de una Primera Comunión tan alejada en el tiempo y en la mente que ya no ilumina su vida.

Y lo que aun resulta más triste es que la inmensa mayoría son realmente “buenas personas”… Pero incapaces de“meterse en lo más profundo de sí mismos donde hay un espacio de soledad en el que se encuentra Dios”… “abismo de luz” que no da vértigo sino confianza y fuerza y sentido para vivir y para morir… para abandonar lo que tenemos y hemos ganado dignamente sin traumas, con serenidad, con la inmensa bondad de corazón que da compartir la experiencia del Dios Abba, Papá, que nos comunicó Jesús de Nazaret.

Un ratito de oración, de charla con Jesús, quizá sea el grito de Jesús a Lázaro que necesitáis escuchar muchos:¡Levántate! ¡Estás vivo! ¡Merece la pena ser buenos! ¡Merece la pena soportar, ayudar… querer a los demás!

Acabamos hoy con una cita cortita, también de Unamuno, que hace pensar:

Son tu pan los humanos anhelos,
es tu agua la fe;
te mando, Señor, a los cielos
con mi amor, mi sed.