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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

StatPress

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IV.4.1.00. La pascua de los judíos. Cena pascual de Jesús.


La pascua de los judíos: Era su fiesta principal, de carácter religioso y patriótico, inseparables. Recordaban la salida de la esclavitud de Egipto. El Faraón se negaba a dejarles salir… Eran mano de obra barata, especializada y de gran calidad. El Faraón aguantó las siete plagas. La última fue terrible: en una noche murieron todos los primogénitos de la nación, tanto hombres como animales, empezando por su propio hijo. El ángel exterminador sólo respetaba a los primogénitos de las casas marcadas con la señal que les había dado Moisés: manchar los dinteles de sus puertas con la sangre del cordero, sin mancha, de un año… Debían asarlo de prisa, con hierbas amargas. Comerlo de pie, las ropas ceñidas y puestas las sandalias para salir de inmediato. El pan, ácimo, “sin levadura”, preperado a toda prisaEra el “paso del Señor”.

Primitivamente era una fiesta común a todas las religiones. Cordero y pan eran los bienes de pastores y labradores. Los hebreos le dieron sentido de memorial del “paso del Señor”. Más tarde añadieron el recuerdo del “paso del Mar Rojo”. Celebraban la fiesta, siete días, como una reproducción ritual de los hechos que recordaban.

Los primeros cristianos entendieron la última cena del Señor como re-creación de la fiesta judía: el Señor Dios ofrecía salvación, liberación, nueva vida y definitiva. Como víctima única y válida para todos, el “cordero pascual”, el mismo Jesús ofrecido al Padre en holocausto (“todo quemado”, destruído por completo) una sola vez y recordado, “memorial”, ya para siempre. La “acción de gracias” o eucaristía sería ya fiesta definitiva; sustituiría a todos los rituales de sacrifico, de sangre, de muerte, ofrecidos a Dios. Con su última cena pascual Jesús inauguró el “nuevo pueblo de Dios”: pueblo universal, liberado del terror a la mayor de las esclavitudes, la muerte.

Los banquetes especiales que celebró Jesús tuvieron un hondo significado de acogida, de perdón… de proclamación del Reino de Dios. Cuando se acercan momentos dramáticos vuelve al mismo gesto: una cena muy especial para ofrecer una señal definitiva de que el Reino de Dios que predica llega a una realidad y tiene un momento concreto de inauguración. Es el comienzo del Nuevo Testamento: el nuevo pacto entre Dios y todos, TODOS, los seres humanos: sed misericordiosos, perdonad, servid… haced infinitamente mejor el mundo en el que vivís. Mi Padre Dios os acogerá en su seno, “viviréis” para siempre en Él, de una manera inexplicable e incomprensible ahora. La muerte biológica perderá el carácter terrible de pérdida total y definitiva, la nada o lo desconocido.

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.