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Jesús de Nazaret

Jesús de Nazaret

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IV.3.4.01. La resurrección de Lázaro. Conspiración contra Jesús.

Suponemos que todos conocen el hecho.  Aquí importa leer la continuación. San Juan escribe su evangelio a finales del siglo I, en ambiente grecolatino. Ya habían aparecido muchos intentos de “casar el cristianismo de Jesús” con las mitologías y conceptos paganos de la vida y la muerte (“gnosticismo”). El milagro y sus consecuencias son una muestra de profunda realidad humana: la vida, la muerte, la amistad… el miedo, la cobardía…

Muchos de los judíos que habían venido a casa de María, viendo lo que había hecho, creyeron en él.

Pero algunos de ellos fueron donde los fariseos y les contaron lo que había hecho Jesús. Entonces los sumos sacerdotes y los fariseos convocaron consejo y decían: «¿Qué hacemos? Porque este hombre realiza muchas señales. Si le dejamos que siga así, todos creerán en él y vendrán los romanos y destruirán nuestro Lugar Santo y nuestra nación.» Pero uno de ellos, Caifás, que era el Sumo Sacerdote de aquel año, les dijo: «Vosotros no sabéis nada, ni caéis en la cuenta que os conviene que muera uno solo por el pueblo y no perezca toda la nación.» Esto no lo dijo por su propia cuenta, sino que, como era Sumo Sacerdote aquel año, profetizó que Jesús iba a morir por la nación, y no sólo por la nación, sino también para reunir en uno a los hijos de Dios que estaban dispersos.

Desde este día, decidieron darle muerte. Por eso Jesús no andaba ya en público entre los judíos, sino que se retiró de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraím, y allí residía con sus discípulos.

Estaba cerca la Pascua de los judíos, y muchos del país habían subido a Jerusalén, antes de la Pascua para purificarse. Buscaban a Jesús y se decían unos a otros estando en el Templo: «¿Qué os parece? ¿Vendrá a la fiesta?» Los sumos sacerdotes y los fariseos habían dado órdenes de que, si alguno sabía dónde estaba, lo notificara para detenerle.

Queda muy claro cuál es la verdadera razón de la pena de muerte de Jesús. El “poder de Dios” manifestado en el milagro no anula la voluntad humana… Quienes esperan un milagro para creer están hondamente equivocados. La fe sobrenatural es Gracia, desde luego, y ofrecida a todos. Pero “admitirla” es también cuestión de voluntad de cada persona. Los dones se piden, se reciben y se agradecen.

Padre nuestro, que estás en el cielo;
Santificado sea tu Nombre.
Venga a nosotros tu reino.
Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo.

Danos hoy nuestro pan de cada día.
Perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden.
No nos dejes caer en la tentación.
Y líbranos del mal.

Amén

Dios te salve, María, llena eres de Gracia, el Señor es contigo.
Bendita tú eres entre todas las mujeres, y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús.

Santa María, Madre de Dios,
Ruega por nosotros, pecadores,
Ahora y en la hora de nuestra muerte.

Amén

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.